Ésa es mi propuesta, mi tesis y mi directriz, porque sólo de mí puedo hablar con total honestidad. De ti o los de más allá, sólo puedo suponer. Esta meditación la motivaron mis maestros Huidobro, Ortega, Brecht, Miller y la posibilidad de tener lectores.
¿Para qué hacer algo inútil? Hacer algo inútil, como un televisor o un automóvil, es inutilizar tu propia vida. Y todo aquello que inutiliza tu vida, en habla antigua, te mata. ¿Para qué suicidarnos, entonces, ya sea de la forma lenta del trabajo y la diversión o la rápida con la cuerda, la pistola o el salto? ¿Por qué de una buena vez no comenzamos a vivir como lo que ustedes mismos sostienen: HIJOS DE DIOS o, en su versión secular, CIUDADANOS IGUALES, LIBRES Y FRATERNOS? Parafraseando a Vicente, ¿qué ángel se paró frente a ti y te impidió volar? ¿Quién te expulsó del Paraíso? Si nunca has visto nada de eso, ¿qué te hizo creer que no podías vivir o que estabas FUERA del Paraíso?
Tenemos los CIMIENTOS CON los cuales desenterrar y edificar un Nuevo Edén. ¿Por qué La Poesía tendría que prescindir de esos CON-O-CIMIENTOS? Me parece de lo más razonable que hay. Todas las prohibiciones, ¿no son la trampa de una falsa pureza en que se ha basado el fracaso de la Poesía como liberadora de la Humanidad? El que la casi totalidad de la Humanidad aún esté presa, se debe al fracaso de los mal llamados poetas para sacarnos de esa distracción.
¿Cuál es la diferencia con las ciencias blandas de la sociedad y la personalidad?
Que la poesía tiene contacto directo con su materia de estudio: las emociones. Lo indirecto en ella es el instrumento de expresión de sus resultados experimentales: el lenguaje.
El lenguaje es la cárcel y la llave, al mismo tiempo. Hay palabras trampa y palabras trampolines. El problema suscitado en Babel, fue la confusión de ambos tipos de palabras. Esa confusión ha permanecido y quienes debieron haberla disipado, no lo hicieron. Para todos aquellos que aún cultivamos el placer de palabrear (degustar, saborear, colorear y oír el trémulo gemido de las palabras), es la misión que este Fin de Mundo nos encargó. Y he aquí que esta noche me meteré con la primera y más Grande Trampa de todas, la mismísima palabra Mundo.
¡Sí! ¡MUNDO! Porque mundo no es lo mismo que planeta. Cuando un latino, un romano decía Mundus-i, no se refería a la materialidad de la Tierra, sino la orden kósmiko del Uni-verso. Permítanme una breve digresión. Para un griego esta última frase sería una redundancia cacofónica, ya que cosmos lleva implícita la idea de orden, con lo que mundos y cosmos son los exactos sinónimos. Hablar de un orden cósmico, para un griego sería decir: un orden ordenado. Mundo y cosmos son las palabras para decir que todo tiene un orden subyacente, para griegos y romanos, un orden dado por los dioses, un orden divino. Razón por la cual no intervinieron nunca de la manera como el hombre contemporáneo depreda la llamada naturaleza, palabra con la que reemplazaron a las anteriores, porque carece de la connotación sagrada que ambas tenían. Fin de la digresión.
Pues bien, cuando hablamos de mundo, no hablamos de lo concreto, de lo visible, sino de la idea que nos hacemos de ello. Por lo que cuando algún peregrino te diga: “¿Vamos a cambiar al Mundo!” y te invite a una protesta, podrías decirle, “OK. Cambiemos de forma de pensar”. En ese sentido, una conversación es más eficiente para dicho objetivo que todas las piedras y molotov que se tiren en todas las marchas de todo el mundo, perdón, planeta.
En síntesis y acotando su sentido universalista a lo que tenemos más cercano, podríamos decir que Mundo es la idea que nos hacemos de cómo es y, más importante aún, de cómo funciona el planeta y todo lo que él contiene. Mundo no es materia, sino idea. Lo cual nos lleva a considerar por qué una pura idea es tan importante.
Como aún no podemos ver todo el planeta al instante (algunos dicen que podremos hacerlo el 2012, pero ese es tema para después), estamos obligados a hacernos alguna idea, por muy incompleta que ésta sea, para poder vivir sin los sobresaltos y la alteración con que viven los animales. El animal reacciona, el Ser Humano acciona. No es el único, los otros primates también accionan, hasta los cerdos, pero todos están severamente limitados en su capacidad de memoria, por lo que su radio de acción es notablemente inferior al humano. Tanto así que sólo ahora último los humanos llamados científicos han tenido la paciencia y la humildad de observar y reconocer que no somos los únicos animales con pensamiento abstracto. La diferencia radical no es de cualidad, sino de cantidad de procesos simultáneos: somos inconscientemente multitask (múltiple tarea). Ver a mi señora cocinar, dictarme la lista de compras y seguir la teleserie lo prueba y la admiro por ello.
Ahora, si mundo es el orden que alcanzamos a percibir en el planeta, ¿de qué orden me están hablando las noticias de todos los días? Yo sólo percibo allí un caos de muestre y desolación. Si mundo es orden, el caos es un inmundo y, de hecho, ese es el significado original que la palabra tenía para los romanos.
¿Por qué las noticias más recientes hablan de “Nuevo Orden”, entonces? ¿Acaso hubo un “Antiguo Orden”? Eso me suena parecido al “Antiguo Régimen” del que hablaban los revolucionarios franceses, allá por el 1780. ¿Alguno de los presentes recuerda esa historia? Orden y mundo son creaciones humanas para los humanos. Siendo así, ¿por qué no creamos un mundo nosotros, para nosotros? Muchos dirán que eso ya se intentó con cada revolución y que todas ellas fracasaron, incluso la contrarrevolución neoliberal, cuyo fracaso lo contemplamos todas las noches por la tele y los titulares de los diarios se encargan de recordárnoslo todas las mañana, rumbo a la pega. Lo peor de esta argumentación es que es irrefutable.
Entonces, la palabra mundo adquiere su sentido y connotación más siniestra: mundo es aquello que no podemos modificar, aquello contra lo cual chocan, desvaneciéndose todas nuestras mejores intenciones y acciones. Entonces, mundo es sinónimo de infierno.
Lo paradójico de esto es que es cierto, porque mundo es la parte muerta del Ser Humano, su lado mecánico, inercial. Es lo que tenemos en común con la forma de ser de la piedra. Ortega y Gasset escribió una vez que el hombre sin ganas era la más blanda de ellas.
Volvamos al mundo. Una teóloga escribió la siguiente frase: Dios no tiene mundo. Me quebró el esquema, pero después de meditarla dos minutos, encontré que era el verso más poético que he leído este nuevo milenio y eso que es una idea antiquísima.
¿Cómo va a tener mundo, si ELLA-EL es toda vitalidad, toda espontaneidad, acción, meditación, etc.? En fin, ES la Vida, su fuente y término. Si la divinidad carece de mundo, ¿por qué nosotros sí? Quede como apunte: la divinidad creó el universo, pero no es él; como yo no soy este discurso, pero lo redacté.
Asumir que la palabra Mundo representa nuestro total y sistemático fracaso como entes vivientes, libres, conscientes y soberanos, es el único punto de partida para comenzar sincera y honradamente a deshacernos de la costra sanguinolenta, producto de todas las matanzas en nombre de la humanidad, impidiéndonos Ser Humanos. Por eso, cuando otro peregrino te diga: “¡Salvemos el Mundo!”. Dile: “No, gracias. ¿Para qué defender fracasos? Prefiero acertar”. Te apuesto a que si dices eso, ese peregrino te preguntará con un tono de voz tan apacible: “¿Acertar, a qué?”.
Un viejo amigo escribió a la entrada de su tierra: “El pueblo sabe lo que quiere y necesita, sólo le falta actuar en consecuencia”. No se trata de acertar a un objetivo, algo externo y siempre formal, sino acertar a expresar, sea a través de la acción o el pensamiento, a darle cauce a la emoción. Ella, como el agua, si se detiene, se estanca. Este reconocimiento nos da la honestidad como única vía a transitar, para reunificar intención y acción en presente, el único “tiempo real”. Sólo ella nos conduce de regreso a la espontaneidad de la vitalidad, que es el Amor. Si un biólogo mecanicista chileno lo dijo, claro que con otras palabras, ¿qué queda para nosotros, los doblemente fracasados, espiritualistas?
Muchos dirán que un comportamiento así traerá más problemas que beneficios. Lo que esos críticos no saben es que dichos problemas se generaron por el extremo estancamiento de nuestras emociones. Es precisamente a ese estancamiento al que llamamos mundo. Cualquier psicólogo diría que una vez liberado el trauma, ese estancamiento tiende a desaparecer y los beneficios superan con creces los inconvenientes iniciales. No es la prisión lo que cambia a un hombre, sino la libertad.
Somos los únicos humanos existentes, ¡ahora! Somos la última Humanidad. El presente tiene la cualidad de ser siempre el último y único presente. El futuro no es más que la proyección mental del presente. No existe, como tú o yo o el edificio en que estamos. Y eso que no quiero entrar en el tema de las profecías que dicen que este mundo acabará el 21-12-2012 por una serie de acontecimientos astronómicos-planetarios que son complejos de explicar y no aportan gran ayuda a aclarar el sentido y la misión que tiene la Poesía en nuestro presente. El presente siempre es nuestro, porque Ser Humano nunca es individual, siempre es social. Ojo, otra palabra relacionada con mundo: sociedad.
Por lo tanto y en consecuencia, una poética que no tome en cuenta que no somos los primeros, sino que los últimos y que no medite, como lo hemos hecho ahora, sobre las ineludibles consecuencias de este hecho, no está “a la altura de los tiempos”, como decía el viejo Ortega, ni es capaz de zambullirse en la profundidad de tu vida, como vengo a recordarte. Recordemos que todavía existen botones de bombas atómicas.
Para que no olvidemos que esto no es más que un comienzo de principio: ¿Por qué el Poeta no ha de volver a ser ese viejo shamán que hemos dividido y anulado en especialidades tan incompetentes como psicología, sociología, historia, física, química, etc.? ¿Qué pasaría si la Poesía tuviésemos que hacerla, obligatoriamente, entre todos, tal como dijo Lautreamount? ¿De qué tipo de Poesía estaríamos hablando? ¿Por qué crees que la gente se aburre? Sólo la honestidad da intensidad a la Vida.
El cómo hacer de todas estas acciones una sola, es una larga historia y queda para cuando regrese.
Muchas gracias por haberme odio,
Kenai Etznab.
¿Para qué hacer algo inútil? Hacer algo inútil, como un televisor o un automóvil, es inutilizar tu propia vida. Y todo aquello que inutiliza tu vida, en habla antigua, te mata. ¿Para qué suicidarnos, entonces, ya sea de la forma lenta del trabajo y la diversión o la rápida con la cuerda, la pistola o el salto? ¿Por qué de una buena vez no comenzamos a vivir como lo que ustedes mismos sostienen: HIJOS DE DIOS o, en su versión secular, CIUDADANOS IGUALES, LIBRES Y FRATERNOS? Parafraseando a Vicente, ¿qué ángel se paró frente a ti y te impidió volar? ¿Quién te expulsó del Paraíso? Si nunca has visto nada de eso, ¿qué te hizo creer que no podías vivir o que estabas FUERA del Paraíso?
Tenemos los CIMIENTOS CON los cuales desenterrar y edificar un Nuevo Edén. ¿Por qué La Poesía tendría que prescindir de esos CON-O-CIMIENTOS? Me parece de lo más razonable que hay. Todas las prohibiciones, ¿no son la trampa de una falsa pureza en que se ha basado el fracaso de la Poesía como liberadora de la Humanidad? El que la casi totalidad de la Humanidad aún esté presa, se debe al fracaso de los mal llamados poetas para sacarnos de esa distracción.
¿Cuál es la diferencia con las ciencias blandas de la sociedad y la personalidad?
Que la poesía tiene contacto directo con su materia de estudio: las emociones. Lo indirecto en ella es el instrumento de expresión de sus resultados experimentales: el lenguaje.
El lenguaje es la cárcel y la llave, al mismo tiempo. Hay palabras trampa y palabras trampolines. El problema suscitado en Babel, fue la confusión de ambos tipos de palabras. Esa confusión ha permanecido y quienes debieron haberla disipado, no lo hicieron. Para todos aquellos que aún cultivamos el placer de palabrear (degustar, saborear, colorear y oír el trémulo gemido de las palabras), es la misión que este Fin de Mundo nos encargó. Y he aquí que esta noche me meteré con la primera y más Grande Trampa de todas, la mismísima palabra Mundo.
¡Sí! ¡MUNDO! Porque mundo no es lo mismo que planeta. Cuando un latino, un romano decía Mundus-i, no se refería a la materialidad de la Tierra, sino la orden kósmiko del Uni-verso. Permítanme una breve digresión. Para un griego esta última frase sería una redundancia cacofónica, ya que cosmos lleva implícita la idea de orden, con lo que mundos y cosmos son los exactos sinónimos. Hablar de un orden cósmico, para un griego sería decir: un orden ordenado. Mundo y cosmos son las palabras para decir que todo tiene un orden subyacente, para griegos y romanos, un orden dado por los dioses, un orden divino. Razón por la cual no intervinieron nunca de la manera como el hombre contemporáneo depreda la llamada naturaleza, palabra con la que reemplazaron a las anteriores, porque carece de la connotación sagrada que ambas tenían. Fin de la digresión.
Pues bien, cuando hablamos de mundo, no hablamos de lo concreto, de lo visible, sino de la idea que nos hacemos de ello. Por lo que cuando algún peregrino te diga: “¿Vamos a cambiar al Mundo!” y te invite a una protesta, podrías decirle, “OK. Cambiemos de forma de pensar”. En ese sentido, una conversación es más eficiente para dicho objetivo que todas las piedras y molotov que se tiren en todas las marchas de todo el mundo, perdón, planeta.
En síntesis y acotando su sentido universalista a lo que tenemos más cercano, podríamos decir que Mundo es la idea que nos hacemos de cómo es y, más importante aún, de cómo funciona el planeta y todo lo que él contiene. Mundo no es materia, sino idea. Lo cual nos lleva a considerar por qué una pura idea es tan importante.
Como aún no podemos ver todo el planeta al instante (algunos dicen que podremos hacerlo el 2012, pero ese es tema para después), estamos obligados a hacernos alguna idea, por muy incompleta que ésta sea, para poder vivir sin los sobresaltos y la alteración con que viven los animales. El animal reacciona, el Ser Humano acciona. No es el único, los otros primates también accionan, hasta los cerdos, pero todos están severamente limitados en su capacidad de memoria, por lo que su radio de acción es notablemente inferior al humano. Tanto así que sólo ahora último los humanos llamados científicos han tenido la paciencia y la humildad de observar y reconocer que no somos los únicos animales con pensamiento abstracto. La diferencia radical no es de cualidad, sino de cantidad de procesos simultáneos: somos inconscientemente multitask (múltiple tarea). Ver a mi señora cocinar, dictarme la lista de compras y seguir la teleserie lo prueba y la admiro por ello.
Ahora, si mundo es el orden que alcanzamos a percibir en el planeta, ¿de qué orden me están hablando las noticias de todos los días? Yo sólo percibo allí un caos de muestre y desolación. Si mundo es orden, el caos es un inmundo y, de hecho, ese es el significado original que la palabra tenía para los romanos.
¿Por qué las noticias más recientes hablan de “Nuevo Orden”, entonces? ¿Acaso hubo un “Antiguo Orden”? Eso me suena parecido al “Antiguo Régimen” del que hablaban los revolucionarios franceses, allá por el 1780. ¿Alguno de los presentes recuerda esa historia? Orden y mundo son creaciones humanas para los humanos. Siendo así, ¿por qué no creamos un mundo nosotros, para nosotros? Muchos dirán que eso ya se intentó con cada revolución y que todas ellas fracasaron, incluso la contrarrevolución neoliberal, cuyo fracaso lo contemplamos todas las noches por la tele y los titulares de los diarios se encargan de recordárnoslo todas las mañana, rumbo a la pega. Lo peor de esta argumentación es que es irrefutable.
Entonces, la palabra mundo adquiere su sentido y connotación más siniestra: mundo es aquello que no podemos modificar, aquello contra lo cual chocan, desvaneciéndose todas nuestras mejores intenciones y acciones. Entonces, mundo es sinónimo de infierno.
Lo paradójico de esto es que es cierto, porque mundo es la parte muerta del Ser Humano, su lado mecánico, inercial. Es lo que tenemos en común con la forma de ser de la piedra. Ortega y Gasset escribió una vez que el hombre sin ganas era la más blanda de ellas.
Volvamos al mundo. Una teóloga escribió la siguiente frase: Dios no tiene mundo. Me quebró el esquema, pero después de meditarla dos minutos, encontré que era el verso más poético que he leído este nuevo milenio y eso que es una idea antiquísima.
¿Cómo va a tener mundo, si ELLA-EL es toda vitalidad, toda espontaneidad, acción, meditación, etc.? En fin, ES la Vida, su fuente y término. Si la divinidad carece de mundo, ¿por qué nosotros sí? Quede como apunte: la divinidad creó el universo, pero no es él; como yo no soy este discurso, pero lo redacté.
Asumir que la palabra Mundo representa nuestro total y sistemático fracaso como entes vivientes, libres, conscientes y soberanos, es el único punto de partida para comenzar sincera y honradamente a deshacernos de la costra sanguinolenta, producto de todas las matanzas en nombre de la humanidad, impidiéndonos Ser Humanos. Por eso, cuando otro peregrino te diga: “¡Salvemos el Mundo!”. Dile: “No, gracias. ¿Para qué defender fracasos? Prefiero acertar”. Te apuesto a que si dices eso, ese peregrino te preguntará con un tono de voz tan apacible: “¿Acertar, a qué?”.
Un viejo amigo escribió a la entrada de su tierra: “El pueblo sabe lo que quiere y necesita, sólo le falta actuar en consecuencia”. No se trata de acertar a un objetivo, algo externo y siempre formal, sino acertar a expresar, sea a través de la acción o el pensamiento, a darle cauce a la emoción. Ella, como el agua, si se detiene, se estanca. Este reconocimiento nos da la honestidad como única vía a transitar, para reunificar intención y acción en presente, el único “tiempo real”. Sólo ella nos conduce de regreso a la espontaneidad de la vitalidad, que es el Amor. Si un biólogo mecanicista chileno lo dijo, claro que con otras palabras, ¿qué queda para nosotros, los doblemente fracasados, espiritualistas?
Muchos dirán que un comportamiento así traerá más problemas que beneficios. Lo que esos críticos no saben es que dichos problemas se generaron por el extremo estancamiento de nuestras emociones. Es precisamente a ese estancamiento al que llamamos mundo. Cualquier psicólogo diría que una vez liberado el trauma, ese estancamiento tiende a desaparecer y los beneficios superan con creces los inconvenientes iniciales. No es la prisión lo que cambia a un hombre, sino la libertad.
Somos los únicos humanos existentes, ¡ahora! Somos la última Humanidad. El presente tiene la cualidad de ser siempre el último y único presente. El futuro no es más que la proyección mental del presente. No existe, como tú o yo o el edificio en que estamos. Y eso que no quiero entrar en el tema de las profecías que dicen que este mundo acabará el 21-12-2012 por una serie de acontecimientos astronómicos-planetarios que son complejos de explicar y no aportan gran ayuda a aclarar el sentido y la misión que tiene la Poesía en nuestro presente. El presente siempre es nuestro, porque Ser Humano nunca es individual, siempre es social. Ojo, otra palabra relacionada con mundo: sociedad.
Por lo tanto y en consecuencia, una poética que no tome en cuenta que no somos los primeros, sino que los últimos y que no medite, como lo hemos hecho ahora, sobre las ineludibles consecuencias de este hecho, no está “a la altura de los tiempos”, como decía el viejo Ortega, ni es capaz de zambullirse en la profundidad de tu vida, como vengo a recordarte. Recordemos que todavía existen botones de bombas atómicas.
Para que no olvidemos que esto no es más que un comienzo de principio: ¿Por qué el Poeta no ha de volver a ser ese viejo shamán que hemos dividido y anulado en especialidades tan incompetentes como psicología, sociología, historia, física, química, etc.? ¿Qué pasaría si la Poesía tuviésemos que hacerla, obligatoriamente, entre todos, tal como dijo Lautreamount? ¿De qué tipo de Poesía estaríamos hablando? ¿Por qué crees que la gente se aburre? Sólo la honestidad da intensidad a la Vida.
El cómo hacer de todas estas acciones una sola, es una larga historia y queda para cuando regrese.
Muchas gracias por haberme odio,
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